Adrián siguió leyendo hasta encontrar una hoja sin número.
Solo tenía 2 líneas.
“Clara vino al pueblo. Me dijo que, si volvía a llamarte, conseguiría que pensaras que yo estaba perdiendo la cabeza”.
Y debajo, escrito con tinta temblorosa:
“Creo que ya sé por qué nunca recibo tu dinero”.
PARTE 2
Adrián regresó a la pensión y llamó a Laura Montalbán, la abogada que había protegido su empresa desde el primer proyecto. Revisaron 24 meses de movimientos. Los 1.200 euros salían puntualmente, pero nunca llegaban a Teresa: terminaban en una cuenta puente administrada por Sergio y, horas después, pasaban a otra cuenta vinculada a Clara.
La suma superó los 28.000 euros.
Adrián sintió vergüenza antes de rabia. Había preguntado muchas veces si su madre necesitaba algo, pero nunca había comprobado una sola transferencia.
A mediodía volvió a casa. Teresa lo recibió sonriendo y escondió las manos en los bolsillos del delantal.
—Aquí estoy estupendamente, hijo. No gastes más en mí.
Él estuvo a punto de mostrarle las cartas, pero se contuvo.
Esa tarde, Julián apareció con varias fotografías tomadas 7 meses antes. En ellas, Clara estaba junto al lavadero, con un abrigo rojo, hablando frente a Teresa. Una mujer del pueblo confirmó la frase que había escuchado