Me enteré de lo que pasó después del baile.
Su madre enfermó aquel verano. Su padre se había ido. El fútbol dejó de importar. Las becas dejaron de importar. La supervivencia se impuso.
“Seguía pensando que era temporal”, dijo. “Unos meses. Quizá un año”.
Lo dijo riéndose, pero no tenía gracia.
“¿Y entonces?”
“Y entonces levanté la vista y tenía 50 años”.
Lo dijo riéndose, pero no tenía gracia.
Había trabajado en todo tipo de empleos. Almacén. Reparto. Trabajo de ordenanza. Mantenimiento. Turnos de cafetería. Lo que fuera para pagar el alquiler y mantener a su madre. Por el camino se destrozó la rodilla y siguió trabajando hasta que la lesión se hizo permanente.
“¿Y tu madre?”, le pregunté.
Me