Encontraron contratos inflados, compras de maquinaria que jamás llegó y proveedores relacionados con amigos de Héctor y Rodrigo.
En menos de dos años habían desaparecido más de cuarenta millones de pesos.
Camila lo había descubierto.
También encontraron algo peor.
El vehículo que atropelló a la joven había sido identificado parcialmente por cámaras cercanas. Era una camioneta utilizada durante años por Manuel Cárdenas, antiguo chofer de Héctor.
Después del accidente, Manuel pagó varias deudas y abandonó Jalisco.
Julián quería enfrentarse a su cuñado en ese instante.
El investigador Emilio Vargas se lo prohibió.
—Si su hija sobrevivió y alguien la está ocultando, cualquier movimiento suyo puede ponerla en peligro.
Aquella frase convirtió la esperanza de Julián en miedo.
Dos días después, Lucía encontró una transferencia mensual.
No salía directamente de Héctor.
El dinero recorría dos empresas y terminaba pagando una clínica privada especializada en pacientes neurológicos de larga estancia.
Los pagos comenzaron cuatro días después del accidente de Camila.
—¿A nombre de quién está la paciente? —preguntó Julián.
—Daniela Rivas.
—¿Edad?
—Treinta años.
—Quiero verla.
—Todavía no.
—¡Es mi hija!
—Precisamente por eso.
Esa misma tarde, Emilio consiguió una fotografía tomada durante una verificación oficial.
El rostro estaba demacrado.
El cabello oscuro rodeaba unas mejillas hundidas.
Pero Julián reconoció inmediatamente una pequeña cicatriz sobre la ceja derecha.
Camila se la había hecho a los nueve años al caerse de una bicicleta.
—Es ella.
Su voz se quebró.
—Mi hija está viva.
Mientras Julián observaba aquella fotografía, en la clínica la enfermera Sofía Navarro notó algo extraño.
La paciente de la habitación 18 llevaba meses prácticamente inmóvil.
—Daniela, si me escucha, apriete un dedo.
Pasaron varios segundos.
El índice de la joven se movió.
Sofía llamó al médico responsable, el doctor Raúl Santillán.
Su reacción no fue alegría.
—No registre esto todavía.
—¿Por qué?
—Porque puede ser un reflejo.
Al día siguiente, Santillán aumentó nuevamente la sedación.
Sofía protestó.
—Está mostrando respuesta neurológica.
—Cumpla las indicaciones.
Esa noche, Sofía vio al médico conversando en el estacionamiento con un hombre que reconoció perfectamente.
Héctor Salgado.