Mauricio vio la lista de asistentes y se convenció de que era su salvación: banqueros, fondos de inversión, desarrolladores, empresarios.
—Con que uno me escuche, salimos de esto —le dijo a Renata.
Ella sólo pensaba en qué ponerse.
Vendieron el último reloj realmente valioso de Mauricio para pagarle un vestido hecho a la medida.
La noche de la gala yo observaba las cámaras desde una sala privada.
Renata llegó primero. Posó frente a todos como si ya fuera la nueva cara de la alta sociedad. Mauricio sonreía a su lado, aunque sus ojos buscaban inversionistas y posibles acreedores.
Una reportera les hizo la pregunta que yo esperaba.
—Mauricio, ¿qué pasó realmente con su primera esposa después del accidente? Hay versiones de que quedó sin recursos.
Pudieron guardar silencio.
No lo hicieron.
Renata tomó el micrófono.
—Alejandra siempre fue emocionalmente inestable. Nosotros seguimos ayudándola, claro. Le mandamos dinero para tratamientos. Jamás abandonaríamos a alguien tan vulnerable.
Mauricio asintió.
—Rezamos por ella.
Yo estaba detrás de una pantalla escuchando al hombre que había cancelado mi seguro fingir que pagaba mi recuperación.
No sentí rabia.
Sentí certeza.
Cuando entraron al salón descubrieron que su mesa estaba al fondo, cerca de la puerta de servicio. Renata hizo una escena y amenazó con despedir al mesero cuando conociera a la presidenta.
—La ubicación fue aprobada personalmente por ella —respondió el jefe de salón.
Mauricio la obligó a sentarse.
Minutos después apareció Claudia, mi hermana, cargando una charola de copas. Había aceptado trabajo temporal de catering porque sus deudas habían aumentado.
Al ver a Mauricio, se acercó aliviada.
—Por fin. Me debes el dinero por haber encontrado a Alejandra.
Mauricio palideció. Varias personas voltearon.
—No sé quién es esta mujer —dijo en voz alta.
Claudia creyó que bromeaba.
—Mauricio, soy Claudia.
Él empujó la charola para apartarla. Las copas cayeron y el vino le manchó el uniforme.
—Seguridad, por favor. Esta empleada está molestando a los invitados.
Vi el rostro de mi hermana quebrarse.
Había intentado venderme por dinero a un hombre que, frente a gente poderosa, ni siquiera admitía conocerla.
Claudia salió llorando por la puerta de servicio.
Yo no celebré aquello. Algunas consecuencias no necesitan que nadie las empuje.
A las diez de la noche se apagaron las luces.
Comenzó el video institucional de la fundación del grupo. Imágenes de becas, restauración de edificios históricos y programas comunitarios aparecieron en la pantalla gigante.