PARTE 2 Evidencia del robo de joyería en Plaza Altavista

—¿Por qué me investigarían a mí? —preguntó Mariana desde la cocina, con una voz llena de genuina inocencia—. Llevo siete años trabajando allí sin una sola queja.

Daniela observaba atentamente a su padre. Él se colocaba estratégicamente para asegurarse de que la bolsa permaneciera intacta hasta la llamada programada a la policía a las siete. Cada movimiento que hacía era calculado, impulsado por la promesa que le había hecho a Leticia y por la codicia que lo llevaba a quedarse con el resto del botín de cuatro millones de pesos mientras su madre cargaba con la culpa.

—Siempre es mejor ser precavido —dijo Óscar con suavidad. Se volvió hacia Daniela con una calidez inusual—. ¿Por qué no vuelves a dormir a tu habitación, Daniela? Tu madre y yo necesitamos hablar a solas.

—Papá, la verdad es que creo que debería quedarme aquí —dijo Daniela en voz baja. Levantó su teléfono inteligente y lo sostuvo a la vista—. Porque creo que la tía Leticia también debería unirse a esta conversación…

La expresión de Óscar se congeló. El color desapareció visiblemente de su rostro cuando el nombre salió de los labios de Daniela. —¿De qué estás hablando? Leticia no tiene nada que ver con esto.

Daniela tocó su pantalla y desbloqueó el archivo de audio que había grabado esa misma tarde. El sonido claro e inconfundible de la voz de Leticia llenó la sala: “Ya está. Lo dejé donde dijiste… Óscar, yo ya cumpli. Ahora tú cumple lo que me prometiste”.

Mariana salió de la cocina con un vaso de agua en la mano y el ceño fruncido, completamente confundida. —¿Qué es eso? Daniela, ¿a qué estás jugando?

—Esa es una grabación de hace dos horas, mamá —dijo Daniela, levantándose del sofá y acercándose a su madre—. Mientras estabas en el trabajo, la tía Leticia entró a este apartamento con su llave. Metió en tu bolso lo que creía que era una pulsera de esmeraldas robada de Plaza Altavista, por orden de papá. Planeaban llamar a la policía antes de las siete de la noche para que te arrestaran como principal sospechosa del robo de cuatro millones de pesos.

—¡Eso es absurdo! —gritó Óscar, dando un paso al frente con enojo—. ¡Se lo está inventando! ¡Está enferma y confundida!

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