Miré a nuestra hija recién nacida.
—Eso no significa que Lily tenga la misma enfermedad.
Michael negó con la cabeza.
—No entiendes lo que vi cuando era niño.
Entonces dijo algo que jamás esperaba escuchar de él.
—Sarah… si confirman que Lily tiene la misma enfermedad, tendremos que pensar en dejarla al cuidado de otra familia.
Por un momento, ni siquiera estuve segura de haberlo escuchado bien.
—¿Qué?
Me miró mientras las lágrimas corrían por su rostro.
—No puedo amarla con todo mi corazón y después perderla también. Ya pasé por eso una vez.
Tomé a mi bebé entre mis brazos y la abracé contra mi pecho.
—Y yo no voy a entregarla solo porque tengamos miedo de lo que pueda ocurrir en el futuro.
En ese momento, el médico entró en la habitación con los resultados de las primeras pruebas de Lily.
Su expresión era seria.
—Hemos detectado algo —dijo.
Michael cerró los ojos.
El médico se sentó frente a nosotros.
—La marca de nacimiento de Lily por sí sola no es un diagnóstico —explicó—. Pero teniendo en cuenta los antecedentes familiares, deberíamos hacer pruebas adicionales.
Michael preguntó inmediatamente:
—¿Y si es la misma enfermedad?
El médico guardó silencio por un momento.
—El tratamiento y el seguimiento de esta enfermedad hoy son muy diferentes de lo que eran hace treinta años.
Michael parecía no escucharlo.
Solo repetía que Grace también había nacido con aquella marca en forma de corazón, que después habían comenzado los problemas de salud y que su familia la había perdido cuando apenas tenía cuatro años.
Por primera vez entendí que la reacción de mi esposo no era simplemente frialdad.
Él había sido un niño de seis años viendo cómo su hermana pequeña se debilitaba cada vez más.
Ese recuerdo nunca lo había abandonado.
Pero eso no cambiaba mi decisión.
—Lily no va a ninguna parte —dije—. Aunque solo tengamos un año con ella, un mes o cincuenta años, es nuestra hija.
Michael me miró.
—¿Y si nos encariñamos con ella y después la perdemos?
—Ya estamos unidos a ella.
Miré a la pequeña dormida entre las mantas.
—Nació hace cinco horas, Michael. Ya sería capaz de recorrer el mundo entero por ella.