Primero pensé en los amoríos, porque la traición siempre busca el disfraz más obvio. Luego algo más extraño: Margaret animando a Ethan a pensar en ella como su madre porque creía que yo no era suficiente.
Cada posibilidad me ponía enferma.
La casa de Margaret tenía el mismo aspecto que siempre cuando llegué. Aparqué mal y me quedé mirando.
Entonces, a través de la puerta mosquitera, oí algo.
Una carcajada.
Margaret dijo: “No, cariño, lleva ese”.
Ethan gimió dramáticamente. “Abuela, ya lo sé”.
Empujé la puerta