Él dijo solamente:
—Ah, ya entendí.
Aquella noche no le di importancia.
Ahora, en plena boda, Diego me sacó del salón fingiendo que yo me sentía mal. Mauricio se levantó cuando nos vio salir. Su cara no mostró preocupación.
Mostró miedo.
Ya en el estacionamiento, Diego cerró el coche y me enseñó un video grabado minutos antes. Beatriz aparecía junto a la puerta de la cocina entregándole un frasco pequeño a un mesero. Después, el mismo mesero vertía algo en la salsa de mi plato y mezclaba con una cuchara.
Sentí las manos heladas.
—Puede ser cualquier cosa.
—No es lo único —dijo Diego—. Hace tres meses vi a Mauricio salir de un despacho especializado en sucesiones. Y esta mañana vi a su mamá darte esa pastilla.
Entonces pronunció algo que me dejó sin aire:
—Revisé el medicamento. Era ácido acetilsalicílico. Ellos saben perfectamente qué pasa cuando lo combinas con una dosis alta de sulfitos en tu caso.
Miré hacia el salón, donde seguían escuchándose risas.
Y recordé que dos años antes Mauricio había estado a mi lado en urgencias cuando esa misma combinación casi cerró mis vías respiratorias.
No podía creer lo que estaba empezando a entender.
PARTE 2
—¿Estás diciendo que mi esposo y su madre intentaron envenenarme en nuestra propia boda?
Diego no respondió de inmediato.
—Estoy diciendo que alguien manipuló tu comida después de darte un medicamento que vuelve mucho más peligrosa tu reacción alérgica. Lo demás hay que demostrarlo.
Ese detalle me devolvió por un segundo a mi profesión. Yo llevaba diez años trabajando como abogada corporativa. Sabía que una sospecha, por monstruosa que pareciera, no era una prueba.
—¿Grabaste todo?
Me mostró el video otra vez.
Luego me contó que había empezado a observar a Mauricio tres meses antes. Lo había visto salir de un despacho en Polanco que llevaba asuntos patrimoniales y sucesorios. Diego, que trabajaba como investigador para una aseguradora, averiguó que Mauricio había solicitado una consulta sobre los derechos económicos del cónyuge cuando una herencia aún estaba en trámite.
—Cuando anunció que quería hacer la boda justo esta semana, me pareció demasiada coincidencia —dijo—. Faltan pocos días para que firmes la adjudicación definitiva de los bienes de tu papá.