Su perro recibió una bala por salvarlo, pero lo que hizo el pueblo tres días después lo cambió todo

Vi que levantaba un brazo.

Bruno ladró de una manera que yo conocía perfectamente.

No era el ladrido de búsqueda.

Era el ladrido que usaba cuando sabía que yo estaba en peligro.

Se lanzó.

Entonces llegó el disparo.

Después, silencio.

Bruno cayó.

Me arrodillé junto a él y puse una mano sobre su cuello. Respiraba, pero hacía un sonido agudo que nunca le había escuchado.

Ese sonido todavía aparece algunas noches en mi cabeza.

Lo cargué como pude.

No recuerdo quién abrió lapuerta de la patrulla. Tampoco recuerdo qué me dijeron mis compañeros.

Solo recuerdo repetirme:

—Aguanta, muchacho. Aguanta conmigo.

Conduje hasta una clínica veterinaria que atendía emergencias las veinticuatro horas.

Entré cargándolo.

Una veterinaria y dos asistentes salieron corriendo con una camilla.

—Recibió un disparo —dije—. Por favor, hagan lo que tengan que hacer.

Se lo llevaron detrás de unas puertas.

Yo me quedé parado en el pasillo con sangre en las mangas.

Por primera vez desde que trabajábamos juntos, Bruno estaba enfrentando algo sin mí.

Pasó más de una hora antes de que saliera la doctora Valeria Cruz.

Tenía el rostro serio.

—Está estable, Javier.

Sentí que podía respirar otra vez.

Pero ella no había terminado.

—El proyectil se fragmentó. Hay daño interno. Una parte alcanzó el bazo y también lesionó una arteria. Necesita una cirugía especializada.

Lo dije sin preguntar nada más.

La doctora bajó la mirada.

—Esuna intervención complicada. Y costosa.

—No importa.

Entonces me dio la cifra aproximada.

Podía superar los ciento ochenta mil pesos entre cirugía, especialistas, medicamentos, hospitalización y cuidados posteriores.

Me quedé mirándola.

Yo no tenía ese dinero.

La corporación tenía recursos destinados a emergencias veterinarias de los perros de servicio, pero existían límites administrativos. Podían cubrir una parte importante del tratamiento inicial, aunque aquella operación superaba con mucho el presupuesto disponible.

Bruno figuraba en documentos como un perro de trabajo asignado a la unidad.

Yo entendía que las instituciones funcionan con reglas.

Pero sentado en aquel pasillo, esas reglas sonaban terriblemente frías.

Para ellos podía ser un ejemplar operativo.

Para mí era familia.

La doctora me explicó que teníamos poco margen.

Podían estabilizarlo mientras buscábamos una solución, pero no convenía retrasar demasiado la intervención.

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