Salí de la cafetería.
Me senté otra vez dentro de la patrulla con el vaso entre las manos.
Intenté beber.
No pude.
Las manos me temblaban demasiado.
Apoyé la frente sobre el volante.
Y lloré.
No recuerdo haber llorado así desde que era niño.
Después descubrí que Mariana había publicado la historia de Bruno en una página comunitaria.
No puso discursos.
No pidió que nadie tomara partido por nada.
Solo escribió algo sencillo:
“Bruno protegió a su compañero y está luchando por sobrevivir. Si alguien quiere ayudar con su cirugía, cualquier cantidad cuenta.”
Alguien compartió la publicación.
Después otra persona.Y otra.