TODOS CREÍAN QUE YO PAGARÍA EL CUMPLEAÑOS DE MI SUEGRO

 

Parte 2:
La mesa quedó en silencio. Rogelio fue el primero en reaccionar. —¿Quién va a venir a buscarte? Pablo miró a Berenice antes de responder y entendí que ambos estaban involucrados. Finalmente confesaron que seis meses atrás Berenice había intentado abrir un negocio de banquetes. Como ningún banco quiso financiarla, encontraron una financiera dispuesta a prestarles dinero si presentaban una línea sólida como respaldo. Esa línea era la mía. Pablo había utilizado movimientos de nuestra cuenta conjunta para hacer parecer que yo participaba en el negocio. Los 48,000 pesos eran parte de una deuda vencida y los 75,000 que intentaron cargar tres días antes servirían para renovarla. —¿Cuánto deben realmente? —preguntó Rogelio. Ninguno respondió. Entonces Pablo me sujetó del brazo. —Bertha, no vayas todavía al banco. —¿Por qué? Bajó la mirada. —Porque hay documentos con tu firma.
A la mañana siguiente revisé cualquier producto relacionado con mis datos. Encontramos tres solicitudes y un préstamo activo por 320,000 pesos. Había copias de mi identificación y una firma parecida a la mía. Pero el dinero no había terminado en la cuenta de Berenice, sino en Comercializadora Peninsular RB. Rogelio palideció al escuchar el nombre. —Yo fundé esa empresa hace veintisiete años. Según Pablo, estaba cerrada desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, alguien la había reactivado y el administrador actual era precisamente mi esposo. Cuando Pablo llegó al banco ya no pudo negarlo. —Pensaba devolverlo antes de que Bertha descubriera nada. —¿Para qué necesitabas 320,000 pesos? —preguntó su padre. —Para recuperar la empresa. Rogelio soltó una risa amarga. —La empresa no necesitaba ser recuperada.
Berenice explotó. —¡Dile la verdad! Pablo le ordenó callarse, pero ella sacó fotografías de varios documentos que había guardado. Entre ellos apareció un contrato para comprar un terreno antiguo de Rogelio. El comprador era la empresa reactivada por Pablo y mi supuesto préstamo financiaba la operación. Rogelio comenzó a pasar páginas desesperadamente hasta detenerse en una cláusula. —No puedes comprar esto. —Claro que puedo —respondió Pablo. Mi suegro levantó lentamente la mirada. —No, porque esta propiedad nunca fue solamente mía. También pertenecía a tu madre. La madre de Pablo llevaba once años muerta. Pero antes de morir había dejado instrucciones sobre su parte. Pablo intentó quitarle el documento y Rogelio lo apartó. Entonces comprendí que mi esposo no había utilizado mi identidad solamente para rescatar a Berenice. Llevaba meses usando mi dinero para apropiarse en secreto de algo que pertenecía a su propia familia.
¿Qué pasó después…? Parte 3:…..

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