PARTE 1
—¡Pongan el video de la novia cambiándose! ¡Todos tienen que verlo! —gritó una niña de doce años mientras yo permanecía en medio del salón, cubierta de huevos podridos y con mi vestido de novia completamente arruinado.
Aquella niña era Camila Salazar, la prima consentida de mi esposo.
Yo tenía treinta y cuatro años y acababa de casarme con Ricardo. Habíamos organizado nuestra boda en un hermoso salón de Puebla. Durante meses ahorré para comprar el vestido blanco que siempre había soñado.
Pero Camila decidió convertir aquel día en una pesadilla.
Primero cambió el contenido de unos cañones de confeti por huevos podridos. Cuando entré al salón, los disparó directamente contra mí. Los invitados comenzaron a reírse mientras yo corría al vestidor para limpiarme.
Entonces ocurrió algo todavía peor.
Camila había conseguido una grabación hecha sin mi consentimiento mientras me cambiaba de ropa. La proyectó en la pantalla gigante del salón, frente a casi doscientos invitados.Cuando regresé, varios familiares seguían riéndose y algunos tenían sus teléfonos levantados.