Sin embargo, todo cambió cuando recibió una carta escrita a mano.
El sobre no tenía remitente. Dentro encontró una fotografía de Lucía frente a aquella casa y una breve frase:
“Antes de juzgarla otra vez, pregúntale qué ocurrió la noche en que te fuiste”.
Alejandro reconoció inmediatamente la letra. Pertenecía a Clara, la hermana mayor de Lucía. Intentó llamarla, pero el número ya no estaba disponible. Después de varios días de inquietud, contrató a una persona para localizar la dirección de su exesposa.
Por eso estaba allí, frente a una vivienda que parecía estar a punto de derrumbarse.
Bajó del automóvil y caminó hacia la entrada. Llevaba un traje oscuro y zapatos costosos que se cubrieron de polvo después de los primeros pasos. Cerca de la puerta había juguetes viejos, una pequeña bicicleta y varias macetas construidas con latas recicladas.
Antes de tocar, escuchó la risa de un niño.
La puerta se abrió y apareció un pequeño de aproximadamente ocho años. Tenía el cabello oscuro, ojos grandes y una expresión seria que a Alejandro le resultó extrañamente familiar.
—¿A quién busca? —preguntó el niño.
Alejandro tardó en responder.
—Busco a Lucía Ferrer.
—Mi mamá está en el patio.
La palabra “mamá” cayó sobre él como una piedra.
Durante nueve años jamás había escuchado que Lucía tuviera un hijo. Pensó que quizá se había casado nuevamente. Sintió una mezcla de curiosidad y celos que no tenía derecho a experimentar.
El niño lo condujo por un pasillo estrecho. La casa era humilde, pero estaba limpia. Las paredes estaban cubiertas de dibujos infantiles y fotografías. Había muebles reparados varias veces, una mesa sencilla y una cocina pequeña. En una esquina observó cajas de medicamentos y un tanque de oxígeno.
Lucía estaba tendiendo ropa en el patio.
Al verlo, dejó caer una sábana.
Los años habían cambiado su rostro, pero Alejandro la reconoció inmediatamente. Su cabello tenía algunas canas y sus manos mostraban señales de trabajo. Llevaba un vestido sencillo y sandalias desgastadas.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
No parecía contenta ni sorprendida. Parecía asustada.
Alejandro sacó la carta.
—Clara me envió esto.
Lucía la leyó y cerró los ojos.
—No debió hacerlo.