Le dije:
—Robert, todavía estoy enfadada porque guardaste silencio durante tantos años. Pero quiero que no tengamos más secretos durante los años que nos quedan.
Me besó la mano.
—Te lo prometo.
Ahora guardo la carta de Elizabeth junto a nuestra fotografía de bodas.
Y cuando mis nietos me preguntan cómo nos conocimos, ya no les digo que fue simplemente una hermosa casualidad.
Les digo:
«Otras personas organizaron nuestro primer encuentro. Pero nosotros nos elegimos el uno al otro, todos y cada uno de los días, durante 53 años».
Y la lección más importante que aprendí de esta historia es esta:
El amor no consiste solamente en los años que pasamos juntos. El amor también es tener el valor de decir finalmente la verdad, incluso cuando tenemos miedo de que pueda cambiarlo todo.