Se encontraron al día siguiente en una cafetería de Providencia. Claudia llegó sin maquillaje y con las manos temblando.
—Sí, te traicioné —admitió—. Andrés me dijo que tú lo despreciabas y que sólo seguían juntos por Emiliano. Yo quise creerle. Le di la copia de tu identificación y una muestra de tu firma porque juró que eran para revisar una hipoteca.
—También me ayudaste a convencerme de vender.
—Sí. No tengo excusa.
Entonces Claudia sacó una memoria USB.
Había copiado correos que Andrés dejó abiertos en su computadora. En ellos aparecían el borrador de la garantía, transferencias a una consultora llamada Fernanda Ríos y un plan para vender el departamento por debajo de su valor real.
Pero el giro más doloroso estaba en los mensajes privados entre Andrés y Fernanda.
Andrés prometía huir con ella después de recibir el dinero. A Claudia la llamaba “la palanca emocional” y planeaba acusarla de robar los documentos si el fraude era descubierto.
Claudia rompió a llorar.
—Yo creía que dejaría a su familia por mí. En realidad, sólo me estaba usando para destruirte.
—Ayudar a detenerlo no devolverá nuestra amistad —respondió Mariana—. Pero todavía puedes decir la verdad.
Javier las acompañó a presentar una denuncia ante la Fiscalía de Jalisco. Claudia entregó la computadora y la memoria. Los agentes solicitaron la garantía original y las grabaciones de seguridad de la financiera.
Horas después, Andrés apareció furioso en la oficina de Mariana. Exigió que firmara un contrato de préstamo y anunció que esa misma tarde la llevaría con un notario.
Seguridad lo obligó a retirarse.
Antes de subir a su camioneta, le escribió a Claudia: “Ya sé que hablaste. Ahora tú pagarás por todo”.
En ese instante sonó el teléfono de Mariana. Era la mujer que rentaba su departamento.
—Señora Mariana, su esposo está aquí con un cerrajero. Está golpeando la puerta y dice que hoy mismo vaciará el lugar para venderlo.
Al fondo se escuchó un impacto, un grito y luego la llamada se cortó.
Mariana tomó las llaves y corrió hacia la salida, sin saber que Andrés acababa de cometer el error que terminaría por revelar toda la verdad.
PARTE 3
Cuando Mariana llegó a la Colonia Americana, una patrulla ya estaba frente al edificio. Andrés discutía con el vigilante mientras un cerrajero guardaba apresuradamente sus herramientas. La puerta del departamento tenía golpes recientes alrededor de la chapa.