—¿Quién firmó esto?
Andrés la tomó, la miró apenas y la dejó sobre la mesa.
—Yo resolví una emergencia. Tú habrías aceptado si hubieras entendido la situación.
—Entonces reconoces que yo no firmé.
—Reconozco que salvé la empresa.
—¿Y por qué mandaste seiscientos mil pesos a Fernanda?
Ella cerró la carpeta.
—No voy a permitir acusaciones.
Claudia sacó una impresión.
—Aquí está el correo donde Andrés dice que después del pago se irán juntos a Puerto Vallarta. También dice que me culparán por robar los documentos.
Fernanda miró a Andrés con rabia.
—Me aseguraste que esa computadora estaba limpia.
Andrés se levantó y trató de arrebatarle los papeles a Claudia.
—Tú empezaste esto. Fuiste tú quien consiguió la identificación.
—Y fui yo quien entregó las pruebas —respondió ella—. Lo que hice fue imperdonable, pero la firma la falsificaron ustedes.
Mariana se colocó entre ambos.
—No la toques.
—Quítate.
—Vine a escuchar lo que necesitaba escuchar.
Era la frase acordada.
Andrés no entendió, pero Fernanda sí sospechó. Empezó a romper una hoja donde aparecía el precio reducido del departamento. Andrés tomó la carpeta y corrió hacia la puerta trasera.
No alcanzó a llegar.
Tres agentes entraron por la cocina y dos más bloquearon el patio.
—¡Documentos sobre la mesa! ¡Nadie se mueva!
Fernanda exigió un abogado. Andrés gritó que todo era una pelea matrimonial y que su esposa había aceptado vender. Los agentes recuperaron los pedazos de la hoja, aseguraron la carpeta y registraron el recibo preparado para hacer parecer que Mariana ya había recibido parte del dinero.
Cuando se lo llevaban, Andrés se volvió hacia ella.
—Sin mí te quedarás sola, con deudas y un hijo que mantener.
Mariana no respondió. Aquella amenaza ya no le produjo miedo, sino tristeza.
Claudia tenía la mejilla roja porque Andrés la había empujado.
—Gracias por no dejar que me golpeara —susurró.
—Diré la verdad sobre tu colaboración —contestó Mariana—. Pero nuestra amistad terminó.
Claudia asintió. Algunas cosas podían repararse ante la ley; otras no.
La investigación duró meses. La financiera demandó primero a Mariana, pero Javier presentó la pericial de firma, las grabaciones y el video que probaba que ella nunca estuvo presente. Un juez declaró inválida la garantía y retiró toda obligación en su contra.