Leo era el chico.
Era popular, educado y tenía ese tipo de nombre que se oía en nuestra cocina durante meses en frases a medias y entre risitas con sus amigas.
Cuando por fin él la invitó a salir, Emily salió corriendo por la puerta principal tan rápido que casi tiró el perchero.
Ahora, en el porche, se detuvo y se volvió hacia mí.
“¿Y si digo alguna tontería?”, preguntó.
“Pues dirás algo estúpido y lo superarás”. Sonreí.
“Eso no me tranquiliza”.
“Te irá bien, cariño. Ya le gustas. Esa parte ya está hecha”.
Asintió con la cabeza, exhaló y me abrazó fuerte. Su pelo olía al champú de fresa que me había estado cogiendo prestado de mi ducha desde que tenía 12 años.
“Vuelve a casa a las diez”, le dije. “¿Vale?”.
“A casa a las diez”, sonrió.
La vi alejarse por el camino. A mitad de camino de la verja, se giró y me hizo un gesto con la mano, igual que solía hacer desde el autobús del colegio cuando tenía seis años.
Le devolví el saludo.
Cuando entré, Din estaba de pie junto a la ventana, muy quieto, mirando la calle desierta.
Ya tenía el móvil en la mano, con la pantalla encendida y los nudillos blancos alrededor de la carcasa.
Tenía el pulgar suspendido sobre el teclado, como si esperara una señal que le hubieran prometido. Su cara era indescifrable, de una forma que nunca antes le había visto.
Casi le pregunté.
Casi crucé la habitación, le levanté la barbilla y le pregunté qué le pasaba.
En lugar de eso, le revolví el pelo y me fui a preparar la cena.
Tres horas más tarde, sonó el teléfono.
Lo cogí sonriendo, esperando oír la voz de mi hija preguntándome si podía quedarse fuera solo 30 minutos más.
Era Leo.
“Hola. ¿Está Emily? No ha aparecido”.
“¿Cómo que no? Se fue hace casi tres horas”, le dije.
“Llevo esperando en la cafetería”, dijo. “La he llamado dos veces. Pero solo suena”.
Durante un segundo, ninguno de los dos dijo nada.
“¿Estás seguro?”, me oí preguntar. “Quizá se haya equivocado de sitio. Quizá esté con una amiga”.
“Lo he comprobado”, dijo Leo. “No ha aparecido”.
Se me hizo un nudo en el estómago. “Si te llama, llámame enseguida”.