—¿Tocaste mi teléfono anoche?
—Solo cuando lo conecté al cargador.
—Le dejaste un mensaje a Mariana.
—¿Qué dije?
—Lo de la tarjeta del cuarto.
Y entonces Renata había contestado:
—Yo solo hice lo que usted me pidió.
No necesitaba saber más. La mentira no había nacido de ella. Había nacido de mi esposo.
También supe que Mauricio intentó encontrarme como resolvía todo: dando órdenes. Mandó a su director de operaciones a revisar vuelos públicos, canceló una revisión interna e intentó mover una reunión con el grupo de Monterrey que negociaba una inversión de 240 millones de pesos. Después salió rumbo al aeropuerto.
No llegó a tiempo.
Mi avión ya había despegado.
La segunda consecuencia apareció antes de que terminara mi primera semana en Guadalajara. El grupo inversionista se negó a cambiar la reunión por tercera vez y suspendió temporalmente la negociación. No por mi divorcio. Ni por un escándalo. Porque al desaparecer Mauricio de una cita crítica, quedó expuesto que casi todas las decisiones relevantes dependían exclusivamente de él.
Mientras mi matrimonio se rompía, también se veía el punto débil de la empresa que él había construido alrededor de su propia autoridad.
Mi abogada me llamó poco después.
—Mauricio ofrece transferirte acciones de Varela Espacios para compensarte.
—No quiero acciones. Quiero mis derechos sobre mis diseños y cerrar el divorcio.
En Guadalajara nadie sabía que yo había sido “la esposa del director general”. En Estudio Norte me dieron un escritorio junto al taller de prototipos y un proyecto pequeño: adaptar un sistema de almacenamiento para viviendas compactas.
El primer día, Santiago, director creativo del estudio, revisó mis planos.
—¿Por qué dejaste 4 centímetros libres aquí?
—Para que una persona mayor pueda meter la mano sin agacharse demasiado.
Probó el prototipo.
—Entonces no lo cambies.
Eso fue todo. No preguntó quién era mi esposo ni por qué había dejado de trabajar. Solo discutió conmigo una medida.
Esa noche lloré por primera vez. No por Mauricio. Porque había olvidado lo que se sentía cuando alguien hablaba conmigo como profesional.
3 semanas después, mi propuesta fue seleccionada para la muestra nacional Diseño Habitable México. La noticia apareció en las redes del estudio con mi nombre completo y una foto mía sosteniendo una llave Allen junto al prototipo.
Ese mismo día mi abogada volvió a llamar.
—Mauricio aceptó firmar el convenio de divorcio, pero insiste en darte parte de sus acciones.
—No las quiero.
—Dice que puede aumentar el porcentaje.
—Que lo conserve.
—También quiere saber si puede verte.
Miré mi nombre impreso en la ficha técnica del proyecto.
—Cuando el divorcio esté concluido, si quiere hablar 10 minutos, hablaré.
Pensé que ese sería el final.
Me equivoqué.
2 días antes de la muestra, Santiago entró al taller con una tablet.
—Mariana, hay algo que debes saber.
En la pantalla aparecía el logotipo de Varela Espacios.
La empresa de Mauricio acababa de inscribirse como posible patrocinador principal de la exposición donde yo presentaría el diseño que podía devolverme mi carrera.
Mi esposo dijo que pasaría la noche en una junta en Santa Fe; a las 3:07 escuché a su secretaria hablar de una llave de hotel… y me fui antes del amanecer