Y tres semanas antes había entrado a su terreno buscando una pelota.
Ese día había visto una camioneta detrás del granero.
Había visto a dos hombres bajar a una mujer vestida de blanco.
Y había visto cómo Beatriz abría la puerta de la vieja bodega.
Emiliano llevaba semanas callado por miedo.
Pero al reconocer a Lucía, corrió hacia su padre y dijo una frase que cambiaría todo:
—Papá, yo sé dónde tuvieron encerrada a esa muchacha.
Una hora después, Beatriz estaba sentada frente a nosotros.
Y por primera vez desde que empezó aquella pesadilla, ya no estaba llorando.
PARTE 3
La reunión se hizo en la oficina del comisariado.
Estaban el padre Esteban, mi madre, Jacinta, Lucía, Emiliano con su padre y varios vecinos que habían sido llamados como testigos.
Beatriz llegó acompañada por Rogelio.
Eso fue lo primero que me llamó la atención.
Había pasado días diciendo que buscaba desesperadamente a su sobrina, pero el hombre con quien pretendía casarla aparecía precisamente cuando alguien afirmaba haber visto el lugar donde estuvo secuestrada.
Emiliano estaba pálido.
El comisariado le ofreció agua.
—Cuéntalo despacio, hijo.
El niño apretó la mano de su padre.
—Fui a buscar mi pelota detrás de la casa de doña Beatriz. Cayó cerca del granero. Escuché una camioneta y me escondí porque pensé que me iban a regañar.
Miró a Lucía.
—Bajaron a una señora vestida de blanco.
Lucía empezó a temblar.
Tomé su mano.
Emiliano continuó.
—Tenía algo amarrado en la boca. Dos señores la cargaban. Doña Beatriz abrió la bodega y dijo: “Métanla rápido antes de que alguien venga”.
Beatriz se levantó.
—¡Eso es mentira!
El niño dio un brinco.
El padre Esteban golpeó suavemente la mesa.
—Deje que termine.
—¡Un niño puede inventar cualquier cosa!
—Entonces será fácil comprobarlo —respondió el comisariado—. Vamos a revisar la bodega.
Por primera vez vi miedo verdadero en los ojos de Beatriz.
No indignación.
No dolor.
Miedo.
Rogelio retrocedió hacia la puerta.
Dos policías municipales que acababan de llegar se lo impidieron.
Nos trasladamos hasta la propiedad.
Beatriz protestó todo el camino.
Afirmaba que necesitaban una orden.
El comisariado había contactado ya a la Fiscalía y nadie iba a entrar a destruir nada. Sólo mantuvieron el área asegurada hasta que llegaron los agentes correspondientes.