Creí que la mujer con la que estaba a punto de casarme me había traicionado, hasta que la encontré agonizando en medio del bosque, todavía con el vestido de novia que llevaba tres días antes. Sus primeras palabras me dejaron helado: “No me lleves con mi familia… fueron ellos quienes me encerraron”. No discutí con nadie; simplemente llevé un misterioso medallón a una anciana para preguntarle por él… y ella terminó revelándome una muerte que había permanecido oculta durante casi treinta años.

Entonces Rogelio aparecería como el hombre dispuesto a “perdonarla”.

Si Lucía aceptaba casarse con él, Beatriz conservaría el control de las propiedades.

Y si no aceptaba…

Uno de los hombres declaró que Beatriz había dicho:

—Una muchacha sola y desacreditada no puede defender una herencia durante mucho tiempo.

Cuando escuché aquello sentí deseos de romper algo.

Lucía, en cambio, se quedó completamente quieta.

Su dolor era más profundo.

Aquella mujer no era una desconocida.

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