Casi me presenté a las elecciones del consejo estudiantil.
Casi me presenté a la audición para la obra del instituto.
Casi solicité plaza en la universidad que, en secreto, me gustaba.
Matthew fue la única persona que se dio cuenta de ese patrón.
Todo el mundo lo llamaba amor.
“Siempre te frenas justo antes de que pase algo bueno”, me dijo una tarde durante segundo de bachillerato.
Me eché a reír.
“No sabes de qué estás hablando”.
Él solo sonrió.
“Algún día te darás cuenta de que sí lo sé”.
En el instituto, todo el mundo daba por hecho que acabaríamos juntos.
Tenían razón.
“Algún día te darás cuenta de que sí lo sé”.
***
Un viernes por la noche, después del entrenamiento de fútbol, Matthew me acompañó a casa bajo las farolas.
“He estado fingiendo que solo somos amigos”, admitió.
“Yo también”, le susurré.
Me besó antes de que me echara para atrás.
La universidad no hizo más que fortalecer nuestra relación.
El día que nos graduamos, se arrodilló frente a la pequeña cafetería donde habíamos pasado años estudiando juntos.
“No quiero imaginarme otra etapa de la vida sin ti”, me dijo. “¿Quieres…?”.
“He estado fingiendo que solo somos amigos”.
“Sí”, respondí antes incluso de que terminara de preguntar.
Se echó a reír.
“Al menos déjame terminar la pregunta la próxima vez”.
Cinco años después, teníamos una casa acogedora a solo tres calles de donde habíamos crecido.
Cada mañana empezábamos tomando un café juntos.
Todas las noches acababan en el mismo sofá.
“Al menos déjame terminar la pregunta la próxima vez”.
***
Tres semanas antes de nuestro quinto aniversario de boda, decidí que Matthew se merecía algo especial.
Había mencionado un reloj meses antes, mientras dábamos una vuelta por una joyería del centro.
No lo había comprado.
Me aprendí de memoria el modelo sin que él se diera cuenta.
Tras semanas ahorrando, por fin lo pedí.
La tienda me llamó un lunes por la mañana.
Tras semanas ahorrando, por fin lo pedí.
Le dije a Matthew que tenía una reunión importante después de comer.
En lugar de eso, me tomé un día de vacaciones.
Mientras cruzaba la ciudad en coche, no podía dejar de sonreír.