Natalia dejó lentamente su taza sobre el plato.
—Qué bueno que preguntas.
Todos la miraron.
Ella sacó el teléfono.
—Porque esta noche precisamente vamos a hablar del gran negocio de mi marido.
Diego palideció.
Y Leticia comprendió, demasiado tarde, que Natalia ya sabía algo.
Lo que ninguno de los dos sabía era cuánto.
PARTE 3
—Natalia, no empieces con tus dramas —murmuró Diego.
Ella no levantó la voz.
—No es ningún drama. Tú querías hablar de tu negocio. Hablemos.
Karla miró alternativamente a su hermano y a su cuñada.
—¿Qué está pasando?
Natalia giró el teléfono hacia Diego.
—Explícales qué necesito firmar para que consigas ese supuesto crédito.
—Un poder, ya te dije.
—¿Para qué exactamente?
—Para trámites.
—¿Cuáles?
Diego apretó la mandíbula.
Leticia intervino.
—Esto es un asunto de pareja. No sé para qué trajiste espectadores.
Natalia la miró.
—Usted fue quien durante semanas convirtió un asunto de pareja en asunto de todo el edificio.
Doña Rosario arqueó las cejas.
Leticia se puso blanca.
—¿De qué hablas?
—De que anda diciendo que Diego compró este departamento. De que yo me aproveché de él. De que pronto todo quedará arreglado “por la ley” y yo tendré que hacerme a un lado.
Karla frunció el ceño.
—Mamá, ¿dijiste eso?
—La gente entiende lo que quiere.
—Yo lo escuché clarito —intervino doña Rosario—. Y no fui la única.
Natalia deslizó el dedo por la pantalla.
Apareció la fotografía del documento.
—Esto llegó ayer de una notaría.
Diego se levantó.
—¿De dónde sacaste eso?
Su pregunta fue suficiente.
Karla abrió los ojos.
—Entonces es verdadero.
—Es un borrador —dijo Diego rápidamente—. No significa nada.
—Exacto —respondió Natalia—. Todavía no significa n