Los rizos de mi hija y el secreto que su abuela le sembró en el corazón

—La abuela Patty dice que mis rizos son la forma en que papi me va a encontrar… o cómo me va a encontrar cuando venga.

En ese momento se abrió la puerta del salón detrás del auto. Clara salió trayendo mi cartera y el broche morado de Olivia.

—Llámame más tarde —me pidió en voz baja—. Por favor.

—Lo haré. Gracias.

El dibujo dentro de la mochila
Apenas llegamos a casa, Olivia corrió directo a su habitación. Fui tras ella y me senté con las piernas cruzadas junto a su casita de muñecas, mientras ella acomodaba tres muñecos en fila con mucho cuidado.

—Liv —dije con calma—, ¿por qué crees que papi va a volver?

Ella siguió mirando los muñecos.

—Porque sí vuelve.

Sentí que se me detenía el pulso.

—¿Dónde?

—En la casa de la abuela.

Me quedé inmóvil.

—¿La abuela Patty te dijo que papi te va a visitar allá?

Olivia asintió y de inmediato puso cara de susto.

—Pero es un secreto. Dice que tú vas a arruinar todo.

—¿Arruinar qué, mi amor?

—Que papi me encuentre.

Solté el zapatito amarillo de la muñeca antes de aplastarlo entre mis dedos.

—Mi niña, papi te amaba muchísimo —dije con cuidado—. Pero papi murió. ¿Te acuerdas?

Ella frunció el ceño, confundida.

—No. La abuela dice que tú me cuentas eso porque no quieres que yo lo espere.

Quise agarrar el teléfono y gritarle a Patty hasta quedarme sin voz. En cambio, apoyé la mano con suavidad sobre la rodilla de Olivia.

—¿Qué más te dijo la abuela?

Olivia miró de reojo hacia la puerta.

—Que si me corto el pelo, tal vez papi no me elija.

Tuve que salir de la habitación antes de que mi cara la asustara. En el pasillo respiré tres veces, hondo. Después me sequé los ojos, fui a la cocina y abrí la mochila del jardín de infantes de Olivia.

—¿Qué hiciste, Patty? —murmuré.

Debajo del suéter de mi hija encontré una hoja doblada de cartulina. Olivia se había dibujado a sí misma junto a la abuela Patty y un hombre alto y rubio parado frente a una casa grande. Encima del hombre, con la letra prolija de Patty, decía: «Papá en casa.»

Di vuelta la hoja. Pegada con cinta adhesiva del otro lado había una fotocopia de William cargando a Olivia recién nacida. Debajo, con la misma caligrafía, Patty había escrito: «No olvides a quién perteneces, Olivia.»

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *