EL GRAN JEFE LA DESPIDIÓ POR QUEDARSE DORMIDA SOBRE EL ESCRITORIO SIN SABER QUE LLEVABA 48 HORAS PROTEGIENDO EL SISTEMA DE UNA TRAICIÓN VALORADA EN CIENTOS DE MILLONES DE EUROS

Daniel miró a Alejandro.

“Tenemos una emergencia.”

La niña guardó silencio otra vez.

Después se oyó el teléfono alejarse.

“Mamá.”

Nada.

“Mamá, te llaman del trabajo.”

Una voz agotada apareció al fondo.

“Diles que ya no trabajo allí, cariño.”

Alejandro cerró los ojos.

Aquella frase dolió más de lo esperado.

Daniel insistió.

“Lucía, soy yo. Reiniciamos el servidor.”

Silencio.

No un silencio normal.

Uno de esos silencios en los que alguien, al otro lado del teléfono, acaba de despertarse por completo.

“¿Qué has hecho?”

“Yo…”

“¿Habéis reiniciado el principal?”

“Sí.”

Lucía soltó una palabra que ninguno de los presentes había escuchado jamás salir de su boca.

Luego preguntó:

“¿Cuánto marca?”

Daniel miró la pantalla.

00:01:48.

“Un minuto cuarenta y ocho.”

“Escúchame. No toques nada.”

Javier dio un paso adelante.

“Tenemos que cortar la conexión.”

Lucía escuchó su voz.

“¿Está Javier ahí?”

Alejandro tomó el teléfono.

“Sí.”

Lucía permaneció callada.

“Lucía, soy Alejandro.”

“Ya sé quién es.”

No había respeto ceremonioso en su voz.

Tampoco rabia.

Eso fue peor.

Sonaba cansada.

Simplemente cansada.

“Necesitamos que vuelvas.”

“No.”

Alejandro pareció no comprender.

“¿Cómo?”

“Me despidió hace unas horas. Me retiró el acceso delante de todo el departamento. Así que no puedo entrar remotamente y legalmente tampoco debería tocar sus sistemas.”

00:01:19.

Alejandro miró el contador.

“Lucía, hay casi 300 millones de euros en riesgo.”

“Lo sé.”

“Entonces ayúdanos.”

“Se lo advertí.”

Alejandro apretó la mandíbula.

“Lo sé.”

“No. Ahora lo sabe.”

Aquello lo dejó sin respuesta.

00:00:58.

Daniel intervino.

“Lucía, por favor.”

Ella respiró profundamente.

“Bien. Daniel, debajo de mi teclado hay una memoria USB gris.”

Daniel levantó el teclado.

Nada.

“No está.”

Lucía tardó un instante.

“¿Qué?”

“No hay ninguna memoria.”

Desde el fondo alguien dijo:

“Yo la vi esta mañana.”

Era Marta, una administradora de redes.

“Estaba allí cuando seguridad acompañó a Lucía a la salida.”

Todas las miradas se desplazaron.

Primero al escritorio.

Después a Javier.

Javier retrocedió.

Solo un paso.

Alejandro lo vio.

“Registradle.”

“¿Perdón?”

“Que te registren.”

“Esto es absurdo.”

00:00:37.

Dos miembros de seguridad se acercaron.

Javier intentó apartarlos.

Entonces perdió la calma.

“¡No me toquéis!”

Demasiado tarde.

De su bolsillo interior cayó una pequeña memoria USB gris.

Daniel se lanzó al suelo, la recogió y corrió hacia el terminal.

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