Había gastado los ahorros robados, hipotecado la casa con documentos falsificados, financiado una boda ostentosa con Renata y acumulado deudas para sostener una vida que no podía pagar.
Lo más interesante era quién tenía ahora esas deudas.
Grupo Montemayor había comprado, de manera legal, varios créditos vencidos de la cartera donde estaban concentradas sus obligaciones.
También teníamos pruebas de las firmas falsificadas y de movimientos que podían constituir fraude.
Cerré la carpeta.
—No quiero destruirlo por capricho —le dije a Gabriel—. Quiero que responda por lo que hizo.
Luego miré una foto de Renata presumiendo un collar de Varela en redes.
—Y a ella envíenle el contrato que tanto desea.
Gabriel entendió.
—¿Con cláusula de conducta?
—Con todas las cláusulas.
Una semana después, Mauricio y Renata recibieron dos invitaciones VIP para la gala anual de Grupo Montemayor.
Creyeron que habían encontrado la puerta que los salvaría.
No sabían que yo estaría del otro lado.
PARTE 3
Durante meses Mauricio creyó que yo había desaparecido porque estaba derrotada.
Mientras yo aprendía a caminar, él aprendía a mentir mejor.
Se casó con Renata en un hotel de Polanco, rodeado de flores importadas, fotógrafos y gente a la que apenas conocía. La boda costó más de lo que todavía tenía. Para pagarla pidió préstamos privados, refinanció su camioneta y comprometió comisiones futuras de su negocio inmobiliario.
En entrevistas decía que estaba viviendo “su mejor etapa”.
Renata hablaba de abundancia, manifestación y energía de millonaria.
Ninguno decía que ya habían recibido avisos de cobranza.
Yo no tuve que perseguirlos. Bastó con dejar que siguieran tomando decisiones.
El contrato de Renata con Varela llegó en el momento perfecto. Era la campaña más importante que le habían ofrecido: anuncios nacionales, eventos y una suma suficiente para hacerle creer que podría rescatar su estilo de vida.
Nuestro abogado le explicó cada apartado.
—Hay una cláusula de conducta pública —le advirtió—. Acoso, difamación comprobada o acciones que dañen a la marca pueden cancelar el contrato y generar penalizaciones.
Renata ni siquiera levantó la vista de su celular.
—Sí, sí. ¿Dónde firmo?
Firmó.
Dos días después, recibió la invitación a la gala anual del Grupo Montemayor en un hotel de Reforma.