PARTE 2 Evidencia del robo de joyería en Plaza Altavista

A continuación, volvió al bolso negro. Con unas pinzas delicadas de su baño, levantó con cuidado la bolsita blanca que contenía la pulsera de esmeraldas. Fotografió la posición exacta de la bolsita por última vez antes de guardarla en un pequeño joyero de terciopelo, que escondió en el fondo de su grueso abrigo de invierno colgado en el armario del pasillo 🧥. En lugar de la pulsera original, dentro de la bolsita blanca, colocó un reloj de bisutería pesado, de peso similar, para asegurarse de que el bolso pareciera igual por fuera.

A las 3:52, el inconfundible sonido del ascensor del edificio resonó por el pasillo. Daniela sintió que el corazón le latía con fuerza. Se acomodó en el sofá, se cubrió las piernas con una manta suave e intentó parecer una estudiante cansada recuperándose de un malestar estomacal.

La cerradura giró y la pesada puerta de madera se abrió. Mariana entró primero, con el rostro reflejando un evidente cansancio tras una larga mañana gestionando asuntos de los inquilinos del centro comercial. Detrás de ella caminaba Óscar. Como siempre, lucía impecable, vestido con una elegante chaqueta, aunque sus ojos recorrieron nerviosamente el vestíbulo antes de posarse en Daniela.

—Daniela, cariño, ¿cómo te sientes? —preguntó Mariana, dirigiéndose directamente a la mesita auxiliar, justo delante de la cámara oculta, para dejar su pesado bolso negro.

—Un poco mejor, mamá. Solo descansé casi toda la tarde —respondió Daniela, con la voz suave y ligeramente ronca para no llamar la atención. Mantuvo la mirada fija en su padre—. Hola, papá. Ha pasado tiempo…

Óscar esbozó una sonrisa tensa y ensayada mientras entraba más en la habitación 👤. —Hola, Daniela. Siento mucho aparecer así, pero tu madre y yo tenemos algunos asuntos urgentes que tratar sobre cuestiones financieras y… bueno, la seguridad familiar.

Daniela notó la mirada disimulada que él dirigió al bolso de Mariana sobre la mesa. Estaba comprobando que Leticia hubiera tenido éxito. La frialdad de su actitud le produjo un escalofrío, pero mantuvo la compostura.

—¿Qué tipo de seguridad te preocupa, Óscar? —preguntó Mariana, entrando en la cocina para servirse un vaso de agua—. Sonabas completamente aterrorizado por teléfono.

—Están pasando cosas en el centro comercial de las que quizás no estés al tanto, Mariana —dijo Óscar, acercándose a la mesita auxiliar. Apoyó la mano distraídamente cerca de la correa del bolso—. Dado el robo de alto valor de anoche, la gerencia estará bajo un escrutinio exhaustivo. Solo quería asegurarme de que estuvieras protegida si los investigadores empiezan a indagar sobre algún miembro del personal.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *