Javier iba todos los días.
Me llevaba caldo, fruta, libros y noticias del caso.
—Tu suegra ya habló con media familia —me dijo una tarde—. Está diciendo que tú preparaste todo para humillarla.
—¿También preparé mi apéndice?
—Parece que sí. Muy organizada tú.
Me reí por primera vez desde la operación y me dolió la herida.
La sonrisa duró poco.
—¿Y Adrián?
—Quiere verte.
—No.
—Eso dije.
Dos semanas después me dieron de alta.
No volví al departamento que compartíamos. Me fui a casa de Javier.
El contrato de renta estaba a mi nombre, así que pedí la terminación y acordé con la propietaria una fecha para entregar el inmueble.
Fui a recoger mis cosas acompañada por mi hermano.
Adrián estaba ahí.
Había adelgazado. Tenía barba de varios días y esa mirada de cachorro perdido que antes me habría roto el corazón.
—Mariana, por favor.
Seguí doblando ropa.
—No hagas esto.
Me giré.
—¿Qué cosa?
—Tirar nuestro matrimonio por un error.
Sentí una calma extraña.
—Un error es olvidar un aniversario. Un error es equivocarte de salida. Tú me viste doblada de dolor, escuchaste que te pedía un hospital y permitiste que tu madre me sacara de mi propia camioneta.
—Yo estaba bloqueado.
—Yo estaba enferma.
—Tenía miedo de perder a mi mamá.
—Y elegiste arriesgarte a perderme a mí.
Se quedó callado.
Teresa apareció desde la cocina.
—Ya estuvo bien de hacerte la víctima.
Javier dio un paso, pero yo levanté la mano.
Quería responder yo.
—Señora, su peor error no fue odiarme. Fue creer que porque Adrián siempre le obedecía, yo también iba a hacerlo.
—Te estás aprovechando de que tienes un hermano abogado.
—No. Me estoy aprovechando de algo que usted nunca pensó que yo tuviera: límites.
Tomé mi última caja y salí.
Esa fue la última vez que entré a aquel departamento.
El proceso legal tardó varios meses.
No hubo la sentencia espectacular que Teresa decía que yo buscaba, pero sí hubo consecuencias reales.
La Fiscalía mantuvo abierta la investigación por haberme dejado sin auxilio en una situación médicamente grave y por el uso del vehículo contra mi voluntad. Con el audio, los reportes de la ambulancia, el testimonio de los oficiales y el diagnóstico del cirujano, sus abogados les recomendaron dejar de inventar versiones.