Entonces ella pronunció la frase que lo dejó sin respuesta:
—Tú creías que yo no podía vivir sin ti, Alejandro. El problema es que todavía no entiendes quién de los dos llevaba siete años sosteniendo al otro.
Y lo que saldría a la luz después sería mucho peor.
PARTE 3
La mediación comenzó tres días después.
Alejandro llegó acompañado por tres abogados. Mariana entró con Valeria y una carpeta mucho más delgada.
Eso le devolvió algo de confianza.
Hasta sonrió.
—Todavía podemos arreglar esto —dijo—. Te cedo una parte importante de las acciones. Tú retiras las reclamaciones sobre el sistema educativo y acordamos un esquema razonable con los niños.
Mariana no reaccionó.
—¿Qué entiendes por razonable?
Alejandro cruzó las manos.
—Yo puedo ofrecerles estabilidad, escuelas privadas, seguridad, médicos, viajes. Tú puedes convivir con ellos ampliamente.
Valeria dejó de escribir.
Teresa, que había acompañado a Mariana como apoyo familiar, levantó lentamente la cabeza.
—¿Estás sugiriendo que Mariana entregue a sus hijos?
—Estoy diciendo que hay que pensar con la cabeza —respondió Alejandro—. No con emociones posparto.
Teresa cerró los ojos.
Mariana permaneció inmóvil.
—¿Quieres usar mi parto para decir que soy inestable?
—No pongas palabras en mi boca.
—Las acabas de decir.
Valeria deslizó un documento.
Incluía reportes médicos, registros de seguimiento neonatal, declaraciones del personal que estuvo durante la emergencia y evidencia de que Alejandro había recibido avisos sobre la gravedad de la situación mientras decidió continuar en el evento empresarial.
No demostraban que fuera un delincuente.
Demostraban algo quizá más incómodo para él:
que su imagen de padre absolutamente dedicado no coincidía con los hechos.
Entonces Mariana agregó los estados financieros.
Pagos a la consultora de Fernanda.
Una propiedad de lujo utilizada por ella cuyo enganche provenía de una cuenta vinculada al matrimonio.
Garantías empresariales otorgadas a sus negocios.
Viajes.
Facturas.
Joyas.
Transferencias internacionales que requerían aclaraciones fiscales y corporativas.
Alejandro dejó de sonreír.
—Todo tiene explicación comercial.
—Entonces podrás explicarlo —respondió Valeria.
Durante años, Mariana había callado.
Pero no había sido ingenua.
En su quinto mes de embarazo encontró una factura de una joyería dentro del saco de Alejandro. Investigó primero porque sospechó una infidelidad.
Terminó descubriendo algo mayor: Alejandro mezclaba decisiones personales, apoyos a Fernanda y recursos empresariales con una confianza arrogante en que Mariana jamás revisaría nada.