—¡Nacho! Gracias a Dios estabas tú. ¿Qué le pasó a Elena?
—Choque anafiláctico severo.
Víctor palideció.
—¿Por comida?
Ignacio lo miró fijamente.
—Todavía estamos averiguando.
—Déjame verla.
—No.
—Somos amigos desde niños.
—Y ella está en terapia intensiva.
Víctor le tomó el brazo.
—Cinco minutos.
Ignacio bajó la mirada hacia aquella mano. Uñas impecables. Dedos limpios. Manos de farmacéutico.
Las mismas manos que podían saber exactamente cómo funcionaba aquel parche.
—No puedes entrar —repitió.
Víctor lo soltó.
Antes de marcharse preguntó:
—¿Está consciente? ¿Dijo algo?
Ignacio sintió un escalofrío.
No preguntó si volvería a caminar.
No preguntó si tendría secuelas.
Preguntó si había hablado.
—Todavía no —mintió Ignacio.
Víctor respiró lentamente.
—Cuando despierte me llamas.
Luego sonrió con tristeza.
—Tú siempre salvas a todos, Nacho.
La puerta automática se cerró detrás de él.
Ignacio esperó diez segundos.
Después tomó el teléfono.
Primero llamó al director médico.
Luego hizo una segunda llamada.
A una investigadora de la Fiscalía de Jalisco que conocía desde hacía años.
A las 5:40 de la mañana, la agente Mariana Robles estaba sentada frente a él observando el parche sellado.
—¿Quién conocía esta alergia?
—Yo.
Ignacio hizo una pausa.
—Y su marido.
—¿A qué se dedica?
—Es farmacéutico.
Mariana levantó los ojos.
Ignacio continuó:
—Y ese medicamento no se consigue fácilmente.
La agente miró otra vez la bandeja.
—Entonces no estamos investigando un accidente.
Ignacio apretó la mandíbula.
—Eso mismo pensé.
Mariana sacó su libreta.
—Doctor Herrera… necesito que me diga algo más. ¿Hay alguna razón por la que Víctor Salgado quisiera matar a su esposa?
Ignacio tardó demasiado en responder.
Porque de pronto recordó algo que Elena le había confesado meses atrás.
Una mujer.
Un número desconocido.
Mensajes borrados.
Y una frase que Elena había repetido tratando de convencerse:
“Después de treinta años de matrimonio, uno no tira una vida entera por una aventura.”
Ignacio miró la puerta cerrada de terapia intensiva.
Todavía no sabía que el parche era apenas la primera pieza.
Y cuando descubrieron lo que Víctor había preparado tres meses antes, ni siquiera él pudo creer hasta dónde había llegado su mejor amigo.
PARTE 2
Elena despertó esa misma tarde.