Lloré.
Cinco años antes, mi padre me había advertido que Andrés, entonces empleado del área de marketing, podía estar interesado en mi apellido y no en mí. Yo discutí con toda mi familia para defenderlo.
Y ahora él estaba junto a mi cama, inyectándome algo a escondidas.
El líquido avanzó por el tubo.
Cuando entró en mi vena, sentí que el brazo me ardía desde dentro. El calor subió hasta el pecho. El monitor comenzó a sonar con violencia. Yo apenas podía respirar.
Andrés no pidió ayuda.
Se inclinó sobre mí, me secó una lágrima con el pulgar y murmuró:
—Aguanta un poco más, mi amor. Esto tiene que terminar esta noche.
El monitor lanzó un pitido largo.
Mi visión se apagó.
Pensé que mi padre había tenido razón desde el principio.
Pensé que mi esposo había esperado cinco años para quedarse con la empresa.
Y antes de perder por completo la conciencia, escuché unos pasos del otro lado de la puerta… y una voz de mujer que conocía demasiado bien.
Era Camila.
No podía creer lo que estaba a punto de ocurrir.
PARTE 2
Desperté con el sol entrando por las persianas y una sola certeza: seguía viva.
Andrés había desaparecido.
La línea del suero era nueva y no quedaba rastro del líquido negro. Intenté moverme, pero mi cuerpo seguía rígido. Entonces la puerta se abrió.
Entraron Camila y el doctor Ricardo.
—Tu hermana pasó una noche muy complicada —dijo él, revisando mis pupilas—. La enfermedad está avanzando.
Camila se cubrió la boca y comenzó a llorar.
Habría creído en esas lágrimas si no hubiera escuchado su voz afuera de mi habitación unas horas antes.
Ricardo preparó otra inyección, esta vez con un líquido amarillento.
—Esto te ayudará a descansar.
Segundos después de recibirlo, las paredes comenzaron a deformarse. Las luces parecían moverse y escuché susurros que no existían.
Ricardo guardó la jeringa y salió.
En cuanto la puerta se cerró, Camila dejó de llorar.
Su rostro cambió por completo.
—Qué triste verte así, Vale —susurró—. Papá siempre dijo que tú eras la fuerte. La indicada. La que sabía dirigir. Y mírate ahora.
Se inclinó hasta quedar junto a mi oído.
—La empresa ya está prácticamente bajo mi control. Ricardo hizo los certificados necesarios. El consejo cree que sufriste un deterioro irreversible y que no tienes capacidad para tomar decisiones.