«David dijo que si no lo hacíamos, perderíamos todo. Yo pensé que tú habías aceptado.»
Me quedé mirando la pantalla.
Todo.
Era la misma palabra que había utilizado él cuando me dijo que la familia se apoyaba.
La misma palabra que había utilizado mi hija para justificar que entregara mi casa.
Pero una deuda de David no podía convertir automáticamente mis cuarenta años de vida en su solución.
Eso lo sabía incluso antes de revisar los documentos.
Esa noche dormí poco.
A las seis de la mañana ya estaba sentada junto a una mesa, con mis papeles extendidos delante de mí.
No abrí la carpeta de inmediato.
Primero saqué la fotografía de Richard que llevaba años guardando entre dos hojas.
En ella aparecíamos frente a la casa, mucho antes de que yo quedara viuda.
La puerta azul estaba detrás de nosotros.
Richard tenía una mano sobre mi hombro.
Yo llevaba los mismos aretes de perlas que Daniela había usado la tarde anterior.
No me dolió que los llevara.
Me dolió que los hubiera usado mientras me quitaba la casa.
Guardé la fotografía.
Después abrí la carpeta.
La primera revisión confirmó lo que ya sabía: los documentos que yo había conservado no contenían una autorización reciente para vender la propiedad.
Pero faltaba saber qué habían presentado ellos.
Y ahí apareció el verdadero problema.
Había un documento que yo no reconocía.
No era la escritura original.
No era el papel que Richard y yo habíamos firmado años atrás.
Era una copia.
Tenía mis datos.
Tenía la referencia de la propiedad.
Y tenía una firma que pretendía ser mía.
La miré durante mucho tiempo.
No necesitaba ser experta para saber que aquella firma no era la que yo utilizaba.
Mi nombre podía estar escrito correctamente.
Mi casa podía estar descrita correctamente.
Pero una cosa no convertía a la otra en verdadera.
Llamé de nuevo.
La persona que estaba revisando conmigo la documentación no hizo una acusación precipitada. Solo comparó los papeles que yo tenía con el documento que Daniela había mencionado.
Entonces apareció el primer dato que cambió la historia.
La copia no coincidía con el documento que yo conservaba.