Tal vez fue el vino. Tal vez fue la soledad. O quizá simplemente deseaba tener una noche en la que no fuera una viuda, una madre ni la mujer a la que todos habían olvidado.
Cuando Adrian me invitó a subir, lo seguí.
A la mañana siguiente, desperté bajo la pálida luz del sol y encontré vacío el espacio a mi lado.
Adrian se había ido.
Su ropa, su teléfono y su cartera habían desaparecido. No había ninguna nota, no se