No pude responder. Abrí la boca, pero las palabras se me atascaron en algún sitio.
De repente, volví a estar allí, hace 13 años.
“¿Esto es lo que alguien considera una broma?”.
***
Estaba de pie en el pasillo de un hospital mientras un médico me decía que a mi Hannah, de cinco años y muy enferma, le estaba fallando el hígado. Estaba llamando a un teléfono que sonaba y sonaba, un número que pertenecía a un hombre que había dejado de contestar el día que decidió que éramos demasiado para él.
Me estaba subiendo la manga para la prueba de compatibilidad como donante, rezando, y entonces oí las palabras que me destrozaron.
“Estás descartada. No eres compatible”.
Estaba de pie en el pasillo del hospital.
Pensaba que me había preparado para todas las emociones que me invadirían al ver a mi hija cumplir 18 años. Pero cuando apareció un mensaje inesperado entre sus regalos de cumpleaños, me di cuenta de que el pasado aún no había terminado con nosotras.
Mi mano se quedó paralizada en el marco de la puerta, con los nudillos blancos contra la madera. La persona que estaba en mi porche sostenía una cajita envuelta; verlo después de tantos años me dejó sin aliento.
No podía respirar. No podía hablar.
Retrocedamos unas horas, porque nada de esto tiene sentido sin el resto.
No podía respirar.
***
Aquella mañana, nuestra casita olía a glaseado de vainilla y otras delicias. Llevaba despierta desde las 6 de la mañana, colgando farolillos de papel en la barandilla del porche e intentando tararear en vez de llorar.
¡Hannah cumplía 18 años! Mi pequeña. Por la que Luke lo había dado todo.
“Mamá, ¿en serio ya estás llorando?”.
Llevaba despierta desde las 6 de la mañana.
Hannah se apoyó en la puerta de la cocina con sus pantalones de chándal, el pelo recogido en un moño desordenado y una ceja levantada.
“No estoy llorando. Es que soy alérgica a los cumpleaños”.
“¿Ah, sí?”.
Cruzó la cocina y me rodeó la cintura con los brazos, como solía hacer cuando tenía siete años. La abracé quizá un instante de más.
“Es que soy alérgica a los cumpleaños”.
“Tu hermano estaría muy orgulloso de ti”, le susurré al oído.