Mi vecino aplastó la bicicleta que mi hijo compró después de ahorrar casi un año y se negó a pagarla… yo quería llevarlo hasta el juzgado, pero mi hijo ya había preparado algo que nadie en la colonia esperaba
—No te voy a pagar ni un peso. Esa bicicleta estaba demasiado cerca de la calle.Bicicletas
Eso fue lo que me dijo Rogelio mientras la bicicleta de mi hijo seguía debajo de una de las llantas de su camioneta.
Por un segundo pensé que estaba bromeando.
No lo estaba.
Mi hijo
Mateo, de catorce años, había tardado casi un año en juntar los 12,000 pesos que costaba esa bicicleta de montaña.Crianza de los hijos
Cada sábado lavaba coches, cortaba el pasto de algunos vecinos y ayudaba a cargar mercancía en la papelería de don Ernesto. Nunca le regalamos el dinero.
Quería comprarla con su propio esfuerzo.
Y lo consiguió.
Por eso verlo parado
junto al portón de nuestra casa en Querétaro, mirando el cuadro doblado de su bicicleta sin decir una palabra, me dolió más que cualquier discusión.
Rogelio había salido de reversa de su cochera sin fijarse.Cascos bicicleta
La bicicleta estaba apoyada junto a nuestra entrada, perfectamente visible.
Aun así, él se cruzó de brazos.
—Pues también tiene que aprender a cuidar sus cosas.
Sentí que me hervía la sangre.
—Tú la atropellaste.
—Fue un accidente.Cristianismo
—Entonces hazte responsable.
Rogelio soltó una risa.
—Si quieres dinero, demándame.
Mateo me tomó del brazo antes
de que la discusión empeorara.
—Vámonos, papá.Cuentas de ahorro
Esa tarde le prometí que resolveríamos el problema.
Tomé fotografías, guardé el recibo de compra y hablé con un vecino que había visto lo ocurrido desde su ventana.
Incluso consulté qué necesitábamos para presentar una reclamación formal si Rogelio seguía negándose.
Pero Mateo estaba demasiado tranquilo.
Eso me llamó la atención.Cascos bicicleta
Durante varios días casi no mencionó la bicicleta.Bicicletas
El sábado por la mañana apareció en la cocina mientras yo tomaba café.
—Papá, ya no hagas nada con Rogelio.
Levanté la mirada.
—¿Cómo que no haga nada?
—Yo ya lo arreglé.
Dejé la taza sobre la mesa.Familia
—Mateo, dime exactamente qué hiciste.
Sonrió de una manera que no me gustó nada.