Saber les ordena que bajen las armas y advierte que nadie tocará al sobrino del difunto.
Los hombres de Badr se marchan.
A la mañana siguiente, Omar, Salma y Saber están junto al pozo.
Omar ha tomado una decisión definitiva: no regresará a El Cairo.
Piensa poner en funcionamiento el antiguo proyecto agrícola de su tío, reparar los sistemas de riego y cultivar verduras utilizando el agua del pozo.
También contacta con su abogado en El Cairo para registrar el pozo como zona protegida y la tierra como terreno agrícola no susceptible de transformación, con el objetivo de impedir que Badr construya allí.
Salma le pregunta cómo piensa pagar sus deudas.
Omar responde que los cultivos y el agua mineral de la propiedad le permitirán pagar sus deudas y prosperar.
Pero, sobre todo, dice que por primera vez siente que tiene un propósito y que aquella tierra le ha devuelto su identidad.
Saber le dice que su tío sabía que había dejado la tierra en manos del hombre adecuado.
Desde ese día, Omar no vuelve a El Cairo. Aprende a trabajar la tierra y continúa enfrentándose a Badr hasta que este termina alejándose de la propiedad.
La granja abandonada se convierte en una de las tierras más fértiles de Fayum.
El pozo que Badr quería controlar termina proporcionando agua a los habitantes del pueblo.
Y Salma, Omar y Hajj Saber terminan formando una familia unida por la justicia y por una tierra que, según el relato, nunca traiciona a quien la protege.