Durante la cena, alguien golpeó la puerta con fuerza. Mi padre susurró: «Por fin han venido a llevarte»… Ni siquiera podía moverme

Cada vez que observo las expresiones de preocupación en los rostros de mis padres, recuerdo las aterradoras palabras de mi padre:

—Por fin han venido para llevarte.

Tenía razón.

Realmente me llevaron.

Pero no al lugar aterrador que yo había imaginado.

Me llevaron a la vida con la que ya no me permitía soñar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *