PARTE 2: LA FOTO QUE ADRIAN RECONOCIÓ

Adrian tomó la fotografía con dedos rígidos.

Durante unos segundos dejó de existir la oficina, los empleados curiosos y mi hija abrazando su elefante de peluche.

Solo existía aquella imagen.

Yo, siete años más joven.

Y el hombre que me rodeaba los hombros mientras sonreía a la cámara.

—¿De dónde sacaste esto? —repitió Adrian.

—De una caja de mamá —respondió Mia antes de que pudiera detenerla.

Cerré los ojos.

—Mia, ve a mi oficina.

—Pero…

—Ahora, cariño.

Adrian levantó una mano.

—Espera.

Lo miré.

Ya no había rastro del hombre que minutos antes reía con mi hija.

Adrian Kane parecía haber visto regresar a un muerto.

—¿Cómo conociste a Nathan?

El nombre me atravesó.

—Era mi prometido.

Adrian palideció todavía más.

Mia levantó la cabeza.

—¿Nathan es mi papá?

El silencio que siguió fue insoportable.

Me agaché frente a ella.

—Cariño, esta conversación no es para aquí.

—Pero dijiste que mi papá se llamaba Nathan.

Sentí las miradas de todo el pasillo.

Adrian reaccionó primero.

—Todos vuelvan a trabajar.

Nadie discutió.

Luego abrió la puerta de su despacho.

—Entremos.

Cinco minutos después, Mia estaba instalada en el sofá con Gerald y unos marcadores que la asistente de Adrian había encontrado.

Yo permanecía junto a la ventana.

Adrian dejó la fotografía sobre su escritorio.

—Nathan Kane era mi hermano.

Lo sabía.

Pero escucharlo después de tantos años seguía doliendo.

—Sí.

Adrian levantó la mirada bruscamente.

—¿Lo sabías?

Sé quién eres, Adrian.

—Entonces ¿por qué nunca dijiste nada?

Me reí sin humor.

—¿Durante qué momento exactamente? ¿En mi entrevista? “Hola, soy Elena, y hace siete años estuve comprometida con su hermano muerto”.

Su mandíbula se tensó.

—Nathan jamás habló de ti.

Eso sí me dolió.

—Tal vez porque llevaba años sin hablar contigo.

Adrian apartó la mirada.

Había tocado una herida.

—¿Cuándo lo conociste?

—En Boston. Yo tenía veinticinco años. Él utilizaba el apellido de nuestra madre.

—Blackwood.

Asentí.

—Para mí era Nathan Blackwood. No Nathan Kane, heredero de una fortuna.

Adrian se sentó lentamente.

—Eso explica por qué nunca apareciste en ninguna investigación.

—¿Investigación?

Se quedó quieto.

—Después de su muerte hubo preguntas.

—Fue un accidente automovilístico.

Adrian no respondió.

Y ese silencio cambió algo dentro de mí.

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