La voz de Adriana seguía saliendo del pequeño teléfono negro.
Débil.
Cansada.
Pero completamente clara.
—Lucía, si estás escuchando esto, significa que algo salió mal.
Nadie en la sala respiraba.
Incluso los familiares que minutos antes susurraban entre ellos ahora estaban inmóviles.
Porque todos reconocían esa voz.
La voz de una mujer que ya no estaba allí para defenderse.
—Primero quiero que mires a Mateo —continuó Adriana—. Él sabe más de lo que parece.
Lucía miró al niño.
Mateo seguía abrazado a su oso de peluche.
Pero ahora sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—Mamá me dijo que no tuviera miedo —susurró.
Lucía le tomó la mano.
La grabación continuó.
—Durante meses he sentido que algo no está bien con Gabriel.
El rostro del hombre cambió.
—Mentira —dijo rápidamente.
Pero nadie lo escuchó.
Todos estaban concentrados en el teléfono.
—No sé si estoy exagerando. Ojalá sea así. Ojalá cuando escuches esto yo esté equivocada y podamos reírnos de todo.
Una pausa.
Después la voz de Adriana bajó.
—Pero encontré cosas que no puedo explicar.
Lucía sintió un nudo en el estómago.
—Movimientos de dinero. Documentos escondidos. Conversaciones que él borraba. Al principio pensé que era algo relacionado con el trabajo. Después descubrí que llevaba meses preparando algo.
Gabriel dio un paso adelante.
—Esto es ridículo. Está manipulando a una familia en duelo.
Lucía levantó una mano.
—Cállate.
Fue una palabra simple.
Pero todos notaron algo.
Por primera vez esa noche, nadie estaba siguiendo la versión de Gabriel.
La grabación siguió.
—Lo más extraño fue que Mateo empezó a notar cosas antes que yo.
El niño bajó la mirada.
Lucía lo miró sorprendida.
—¿Qué cosas?
Mateo apretó el oso.
—Mamá me dijo que no hablara porque papá se iba a enojar.
Un murmullo recorrió la sala.
Gabriel reaccionó inmediatamente.
—¿Vas a creerle a un niño de ocho años?
Lucía lo miró.
—No.
Pausa.
—Voy a escuchar a mi hermana.
Adriana continuó:
—Hace dos semanas encontré una caja en el escritorio de Gabriel. Dentro había una copia de un seguro de vida.
La sala quedó completamente silenciosa.
—No era nuevo. Ya existía desde hacía tiempo. Pero había algo diferente.
Lucía sintió cómo su corazón empezaba a acelerarse.