El desprecio público en la sala de audiencias
—¿De verdad piensas defenderte tú sola? ¡No seas ridícula! ¡Una simple empleada administrativa no puede enfrentarse a los mejores abogados de Guadalajara! —exclamó Gerardo Salcedo en medio del juzgado.
La carcajada de mi suegro resonó con fuerza frente a los presentes. A su lado, sus dos representantes legales sonreían con suficiencia, mientras varias miradas curiosas se posaban sobre mí con evidente lástima.
Permanecí en completo silencio. Sin perder la compostura, coloqué mi maletín de cuero gastado sobre la mesa de litigio, ajusté mi saco azul marino y aguardé pacientemente el ingreso de la jueza.
Gerardo Salcedo ignoraba que llevaba seis años menospreciando a la mujer que guardaba en su expediente su peor dolor de cabeza.
Una vida discreta y un secreto profesional
Tengo 34 años, me llamo Mariana Ríos y resido en Guadalajara, Jalisco. Durante seis años compartí mi vida en matrimonio con Diego Salcedo, el único heredero del líder de uno de los conglomerados de construcción más influyentes de la región.