Una empleada salvó a una niña frente a un auto; al día siguiente, su padre regresó con una propuesta imposible
—¡No, pequeña, detente!
Valeria Cruz soltó los carritos del supermercado y corrió.
La niña, de apenas cuatro años, caminaba llorando hacia el carril por donde circulaban los autos. Tenía el vestido rosa empapado, abrazaba con fuerza un conejo de peluche blanco y parecía no escuchar nada.
Valeria alcanzó a sujetarla justo cuando un automóvil apareció al doblar la esquina.
Los frenos chillaron.
El vehículo se desvió sobre el pavimento mojado y pasó a pocos metros de ellas.
Valeria cayó de rodillas mientras apretaba a la pequeña contra su pecho.
—Ya está. Ya estás conmigo. No te voy a soltar.
La niña temblaba tanto que sus dientes chocaban.
Valeria levantó la mirada, desesperada.
Había gente entrando y saliendo del supermercado, clientes corriendo hacia sus vehículos y empleados recogiendo mercancía cerca de la entrada.