Una empleada corrió hacia una niña perdida y segundos después descubrió quién era realmente su padre

Pero nadie parecía estar buscando a aquella niña.

—¿Dónde está tu mamá? ¿O tu papá?

La pequeña solo enterró el rostro en su hombro.

Valeria tenía treinta y un años y llevaba seis trabajando en aquel supermercado de Querétaro. Había dejado sus estudios cuando su madre sufrió un derrame cerebral y el dinero empezó a no alcanzar.

Desde entonces, había trabajado todo lo que podía.

Turnos dobles.

Fines de semana.

Incluso había tenido dos empleos al mismo tiempo durante una temporada.

No se quejaba demasiado.

Su trabajo era sencillo, honesto y estable.

Pero esa tarde estaba cansada, tenía los zapatos empapados y sabía que al terminar volvería a un pequeño departamento donde siempre había alguna cuenta esperando.

Nada de eso importó cuando escuchó llorar a aquella niña.

Solo pensó en sacarla del peligro.

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