Una niña de cinco años esperó sola bajo una tormenta de nieve para pedirle a un desconocido que salvara su futuro
—¿Usted es Diego Salazar?
Diego se quedó inmóvil en mitad de la banqueta.
La niña estaba sentada sola en los escalones de un edificio antiguo, con un abrigo rosa demasiado delgado para aquel frío y los zapatos cubiertos de nieve.
No parecía tener más de cinco años.
Diego miró alrededor buscando a un adulto. No había nadie.
Las calles del centro de Chihuahua estaban casi vacías. Una tormenta inusual había empeorado durante la última hora, obligando a muchos comercios a cerrar antes de tiempo.
Él había salido tarde de su oficina.
Su conductor le había avisado que varias calles estaban bloqueadas y que sería difícil llegar por él, así que Diego decidió caminar las ocho cuadras hasta su departamento.