«Mi jefe me dijo: “Si esta noche te tomas una foto conmigo, mañana te triplicaré el sueldo”. Acepté. Pero a la mañana siguiente, cuando llegué al trabajo, vi mi fotografía en la puerta de la oficina. Con lágrimas en los ojos, irrumpí en el despacho de mi jefe…» 😨‼️
Me llamo Emily. Tengo 23 años y, desde hace seis meses, trabajo en una de las empresas constructoras más grandes de la ciudad.
Nuestro director, Richard, de 62 años, era un hombre estricto y reservado.
Casi nunca sonreía, rara vez conversaba con sus empleados y podía reprender a cualquiera por el más mínimo error.
Para ser sincera, le tenía un poco de miedo.
Pero necesitaba desesperadamente aquel trabajo.
Mi padre había fallecido tres años antes y mi madre padecía una grave enfermedad renal. Para cubrir sus gastos médicos, a veces tenía que trabajar turnos dobles.