Richard conocía mi situación.
Y precisamente por eso su extraña propuesta me tomó completamente por sorpresa.
Todo comenzó un jueves por la tarde.
Eran poco más de las siete y estaba preparándome para volver a casa cuando la secretaria se acercó a mí.
—Emily, el director quiere verte.
Entré en su despacho.
Richard estaba de pie junto a la ventana. Parecía más tenso de lo habitual.
—Emily, quiero pedirte un pequeño favor.
—Por supuesto, señor Richard.
Se volvió hacia mí.
—Quiero que esta noche te tomes una fotografía conmigo.
Lo miré sorprendida.
—¿Una fotografía?
—Sí. Solo una fotografía. Y a partir de mañana, triplicaré tu sueldo.
Por un momento pensé que había escuchado mal.
—¿Por qué?
Richard permaneció en silencio durante varios segundos.
—Mañana lo sabrás.
Su respuesta no me tranquilizó en absoluto.
Pero un sueldo tres veces mayor significaba que por fin podría pagar el tratamiento de mi madre.