No lo trató como un logro.
Fue Claire quien extendió la mano hacia él.
Y por primera vez no había ninguna apuesta.
Ningún espectador.
Ninguna amiga esperando un mensaje.
Ningún hombre intentando demostrar nada.
Solo Claire tomando su propia decisión.
A la mañana siguiente, se despertó antes que Adam.
Durante unos segundos simplemente se quedó allí tumbada.
Entonces él abrió los ojos y la miró.
No miró su cuerpo.
La miró a ella.
Claire sonrió.
Había pasado cincuenta y dos años creyendo que lo más importante era proteger su virginidad del hombre equivocado.
Con el tiempo comprendió algo más profundo.
Lo importante nunca había sido cuánto tiempo permaneciera virgen.
Lo importante era que, cuando finalmente decidiera dejar de serlo, la decisión fuera completamente suya.
¿Y Vanessa?
Claire nunca volvió a ser su amiga.
Porque algunas traiciones pueden perdonarse.