Cuando mi hija me vio, se tapó la boca con ambas manos.
—Mamá…
—¿Qué está pasando aquí?
Michael se acercó a mí.
—Sarah, por favor, siéntate.
—¡No! Llevan tres meses mintiéndome. Los vi en el hotel. Vi la fotografía. Escuché sus conversaciones secretas. ¡Y ahora quiero saber qué hacen aquí!
El médico miró a Michael con sorpresa.
—¿Todavía no se lo han contado?
Por primera vez noté que los ojos de mi esposo estaban llenos de lágrimas.
—Fue por petición mía —dijo Emily.
—¿Qué fue por petición tuya?
Mi hija se sentó lentamente en una silla.
Estaba tan pálida que me acerqué instintivamente.
—Emily, ¿estás enferma?
Negó con la cabeza.
—Estoy bien, mamá. Pero teníamos miedo por ti.
El médico se presentó.
Se llamaba doctor Wilson y era especialista en enfermedades cardíacas.
Al escuchar aquellas palabras, pensé que Michael estaba gravemente enfermo.