A los 69 años, me fui de vacaciones sola y me enamoré de un hombre de 72. Durante siete días me sentí la mujer más feliz del mundo. Pero nuestra última noche escuché a una mujer decirle: «No puedes seguir engañándola. Mañana regresa a casa y todavía no sabes cómo vas a deshacerte de ella».

Sarah añadió suavemente:

—Gracias por darle la oportunidad de volver a amar.

Le respondí:

—No, Sarah. Simplemente nos recordamos el uno al otro que todavía estamos vivos.

Hoy tengo setenta años.

David tiene setenta y tres.

Seguimos juntos.

A veces discutimos. A veces tenemos miedo del futuro. Pero cada mañana agradecemos poder disfrutar de un día más el uno al lado del otro.

He aprendido que a los 69 años no se es demasiado mayor para enamorarse. El único momento en que realmente es demasiado tarde es cuando decides que ya no queda espacio para la felicidad en tu vida. ❤️

¿Qué habríais hecho vosotros en mi lugar? ¿Habríais perdonado a David por planear abandonarme sin ninguna explicación, o habríais considerado que su miedo era una señal de que todavía no estaba preparado para volver a amar? 

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