Pero con cada día que pasaba, me encariñaba más con él.
La última noche de mis vacaciones, David me invitó a un hermoso restaurante frente al mar.
—Mary, esta noche tengo que contarte algo muy importante.
Pensé que quizá iba a proponerme continuar nuestra relación después de las vacaciones.
Pero, durante la cena, sonó su teléfono.
La expresión de David cambió de inmediato.
—Lo siento. Necesito salir unos minutos.
Se alejó.
Pasaron quince minutos.
Empecé a preocuparme.
Finalmente, decidí ir a buscarlo.
En el patio detrás del restaurante, escuché su voz.
David estaba hablando con una mujer.
—¿Ya le has contado todo? —preguntó ella.
—No.
—David, mañana regresa a Estados Unidos. ¡No puedes seguir engañándola de esta manera!
Me quedé paralizada.
Entonces, la mujer continuó:
—¿Qué vas a hacer cuando descubra que nunca debiste acercarte a ella?
David soltó un profundo suspiro.