Dos horas después, la doctora me invitó a pasar a su despacho.
Se sentó frente a mí, apoyó las manos sobre el escritorio y dijo:
—Señora Margaret, antes que nada, necesito que mantenga la calma. Sus
Dos horas después, la doctora me invitó a pasar a su despacho.
Se sentó frente a mí, apoyó las manos sobre el escritorio y dijo:
—Señora Margaret, antes que nada, necesito que mantenga la calma. Sus