—Tenías miedo —dijo con dulzura—. Tenías dieciséis años. Y ayer… seguías teniendo miedo.
No había amargura en su voz.
Solo comprensión.
—Tenías miedo —dijo con dulzura—. Tenías dieciséis años. Y ayer… seguías teniendo miedo.
No había amargura en su voz.
Solo comprensión.